jueves, 12 de marzo de 2015

Liberación.

"¿Acaso esta intentando insinuarse?", tomé un sorbo de mi cuba y la dulzura me hizo olvidar un poco la incomodidad de preguntarme si él realmente estaba haciéndolo.
Respiré hondo el aire, más frío que fresco, que pasaba por el balcón, dentro, veía a todos trabajando entre risas y algo de embriaguez. Y él. Él también trabajaba, acomodaba las cosas pero me veía, con una sonrisa tan amplia, tan coqueta, tan hermosa como sólo el mismo podría mostrar sus dientes en una mueca y hacerlo parecer algo atractivo. Era hipnotizante pero tan chocante para mí, me causaba rechazo, la seguridad altanera que mostraba era en demasía desagradable, esa sonrisa que daba por seguro me tendría era simplemente grotesca.

Decidí que el tiempo de mi descanso (y quejas internas) había acabado. Regresé con pesadez a mi puesto, que por suerte estaba alejado de dónde estaba él.
"Concéntrate..", suspiré hondo mientras mantenía mis ojos cerrados, "Concéntrate en lo que estás haciendo.. No hay nada más..". Esto siempre me servía, si despejaba mi mente, podía mantenerme tranquila y cómoda incluso en las situaciones más difíciles par mí. Tomé mi iPod, me puse los audífonos y comencé a hundirme en mi mundo.
Continué arreglando mi parte cuando me quedé sin material, bajé de la escalera entre disimulados movimientos de baile al compás de la canción; me gustó la manera en que mi falda volaba suave alrededor de mis muslos, los acariciaban sutilmente.
Caminaba bailando, ya segura de mí misma y sin disimular, nadie me observaba y no podían juzgarme, todos estaban ocupados con lo suyo y con el alcohol que circulaba en los vasos, por lo que continue con mi fiesta personal importándome nadie.

Entré al cuarto de materiales, estaba muy obscuro en comparación a las luces brillantes que había en donde todos estábamos. Dejé la puerta abierta mientas buscaba el material, cuando por fin lo había encontrado, estaba dirigiéndome para regresar a mi lugar pero me di cuenta que mis ojos se habían adaptado un poco a la poca luz y nació de mí un deseo de estar sola en ese cuarto obscuro que, por la amplia ventana a su fondo, dejaba entrar esa luz de luna azulada que tanto me encantaba.
Cerré la puerta, dejé el material cerca de ella y me adentré en el cuarto de materiales. Caminé hacia la ventana y me pareció caminar demasiado, era más amplio de lo que parecía. Me molestó que la luz fuera más intensa cerca de la ventana por lo que regresé a donde la luz no tocaba y de la nada, me decidí a acostarme en el piso. Estaba frío, pero no era un frío que calara y doliera, era un frío agradable, relajante, acomodé mi falda a mi alrededor y me relajé. Estaba boca arriba observando el techo mientras escuchaba mi música. Tan cómoda estaba que me giré y me acuné un poco sobre mi lado derecho, dejando la puerta y el ruido de afuera, cerré mi ojos y suspiré...
"Ugh.. Tengo que seguir...", me levanté, tomé el material y me disponía a salir cuando la puerta que casi impacta con mi rostro, me hizo tirar parte de mis materiales al piso. Levanté mi mirada para ver quién me había empujado la puerta de manera tan grosera pero mis ojos, acostumbrados a la penumbra del cuarto del material, se encontraron con la luz de fuera y sólo logré ver una sombra humanoide; un cuerpo alto me empujó dentro del cuarto de nuevo, haciendo que el poco material que quedaba en mis brazos cayera al piso con un sonido fuerte, sordo y breve que siguió retumbando entre los anaqueles de metal hasta llegar a la ventana, el sonido fue opacado por el sonar de una puerta azotada contra el marco de la misma. Entre los cambios de luz, el material tirado y los sonidos, me confundí y no supe como proceder hasta que un brazo cálido me atrapo como si fuese a caer al piso.
"Qué linda sorpresa me encuentro después de perderle de vista", su voz juvenil me rodeó el rostro y logré por fin verle la cara. Me separé con prontitud de su abrazo y me quedé sin palabras, él caminó a mi lado y fue a los anaqueles, mientras, yo recogía mi material del piso preocupada, no sé por qué pero preocupada. Sus suspiros pesados llegaron a mis oídos y sabía que estaba realizando un esfuerzo físico, y sin quererlo, mis movimientos se volvieron más pausados y sigilosos, quería oír su respiración, provocaba algo en mi interior que me hizo desear levantarme y tocarle, pero mejor me limité a escucharle. 
Pasamos así unos pocos minutos más hasta que bajó la última caja y descendió de la pequeña escalera, yo me incorporé con el armatoste de materiales y lo vi, se estaba enjugando el rocío de sudor que cubría su frente, la simple escena me puso nerviosa, abracé el material entre mis brazos, quizá un poco de manera exagerada, lo que hizo que los papeles entre él crujieran, me puso nerviosa la nueva situación añadida a la anterior y di un paso atrás, me atrapé involuntariamente contra la pared y mi nerviosismo, su sombra se quedó estática hacia mi dirección, el corazón se me detuvo. Su estado de nulo movimiento se destruyó y cambió por un paso firme y rápido hacia mí.

Todo pasó en un instante efímero, llegó a dónde yo estaba, tomó mi brazo más cercano a él y me jaló, todo mi material cayó de nuevo al piso y me llevó más cerca de la ventana sin llegar a dónde la luz de luna tocaba el piso, "qué sorpresa encontrarte de nuevo, sobre todo, tan cerca de mí..", la sonrisa altanera deslumbró mis ojos pero esta vez no me desagrado por que dentro de esta se sentía un deseo latente, hambriento... Y sus ojos brillaban con un fuego abrazador.. No, un fuego destructor. Un fuego destructor que me buscaba a mí...
Él notó el nerviosismo de tener tan cerca su deseo pero también pudo notar el ansia de quemarme, acercó su rostro al mío y sentí el calor de su rostro provocado por el esfuerzo que realizó bajando las cajas aunado con el rápido correr de su sangre por un corazón acelerado... Un corazón tan acelerado  como el mío.
Y me besó. No fue un beso como el que hace tiempo me había dado, fue un beso salvaje, deseoso, desesperado. Cerré mis ojos y sentí su furia, entonces cerré mis ojos fuertemente... No sabía si estaba en un sueño o realmente estaba besándome, mucho tiempo había estado con él sin él estar conmigo, a veces estaba, pero sólo era un juego, su ego me quería, él no.
"Al demonio, nadie nos está viendo y mi orgullo sólo quedaría moribundo en su sonrisa burlona...", libré mi brazo de su mano y mis manos tomaron su rostro de nuevo, como hace tiempo... 
No debí hacerlo, fue como la chispa a la madera, el fuego en su interior explotó sobre mis labios y mi cintura. El beso que estaba aconteciendo era la liberación de deseos reprimidos, no sólo los míos, sino también los suyos; la desesperación besaba nuestros labios, nuestra respiración tenía una cadencia repetitiva, nuestras pieles transpiraban y las mejillas ardían.
No sé cuánto tiempo pasamos sintiéndonos cerca, parecía que podíamos pasar horas así, no hubo momento en que quisiera detenerme. "Detenerme... ¿Y él?", abrí mis ojos y vi los suyos abiertos, pero eso no fue lo que me dolió, fue el hecho de que su mirada se veía aburrida y sobre todo... Miraba a otro lado, a algo más que no era yo..
Era todo menos yo, mientras me besaba... Mientras alimentaba mi fuego, él sólo se estaba quemando..
Algo pasó fuera del cuarto de material y nuestro beso se rompió, lo vi confundida mientras dirigía su mirada hacia la puerta. Se escuchaba un alboroto fuera y liberé mi cintura de sus manos aprisionantes y me dirigí a la puerta, cuando me tomó por el vientre y me apegó a su cuerpo, tapando mi boca con su otra mano.

Pasó el ruido fuera y se acercó a mi oreja "Quédate aquí, no te muevas..", me dijo de una forma suplicante pero al mismo tiempo a manera de orden, la combinación me molestó y pensé en protestar pero al acabar la frase, besó mi cuello y las piernas me fallaron y tambaleé un poco, sintió mi respuesta y rió por lo bajo, ya veía esa maldita sonrisa en los labios que me acababan de besar.
Me soltó cuando por fin estaba bien parada de nuevo y se dirigió a la puerta, sin verme, salió.

"¡Maldita sea...!", vociferé en un susurro y me senté en el piso, me llevé las manos al rostro avergonzado de mi propia estupidez.
"¡¿Cómo puedes ser tan estúpida y blandengue?! ¡Debiste decirle que no!", me lamentaba en el piso tan patéticamente cuando él me preguntó "¿Qué haces en el piso?", me decubrí el rostro y estaba por pararme cuando me empujo suavemente al piso, tomándome de ambas muñecas, y él se posicionaba sobre mí...
Abrió la boca para decirme algo, pero al mirar mi rostro de nuevo confundido y ansioso, cerró la boca y la acercó de nuevo a la mía. Otra vez me besaba. Otra vez me liberé de sus manos y coloqué las mías en su cuello. Otra vez le besaba con desesperación y otra vez colocaba sus manos en mi cintura, continuamos el beso que nos habían interrumpido.

Imaginaba su rostro besándome, esta vez no me importaba si tenía abiertos los ojos, si estaba aburrido y no le interesaba el deseo con el que yo le besaba, iba a besar sus labios hasta que el deseo que tenía por él se saciara y no quisiera volver a saber de él, o hasta que el deseo de nuevo estuviera hambriento, por lo menos.

Mientras, gozaba con gula de sus labios y su cuerpo cerca del mío. Gozaba de la luz azulada a nuestro lado y la obscuridad que nos cubría. Gozaba su deseo, su pasión.... Por mí.
Mientras él... Mientras él no sé qué hacía.

La música del iPod tirado sonaba como en un lejano mundo, distante.

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