sábado, 19 de diciembre de 2015

1912

Menadel temblaba incontrolablemente, cada centímetro de su ser estaba inyectado de adrenalina. Su némesis estaba como un pequeño ciervo, acorralado, con los ojos muy abiertos, apunto de desbordarse.
La locura en el corazón y la mente de Menadel estaba aumentando, perdiendo el control que bien había logrado cimentar durante todos los años anteriores a que la muerte explotara sobre el mundo.
Su venganza se estaba materializando por fin, la sangre de su enemigo se derramaba sobre la tierra, sobre las paredes de concreto que la aprisionaban y sobre el único tesoro que poseía en este mundo corroído.

Menadel se acercó lentamente, las contracciones sobre todos sus músculos le dificultaban caminar, estaba demasiado emocionada y llena de locura y sed de sufrimiento que le costaba concentrarse en los llantos de su hermana.
Le quitó el pequeño corazón que abraza a su pecho, y ahora se encontraba en sus manos; quitó la sangre que tenía el infante en el rostro, éste dormía tranquilamente.
-Hola, mucho gusto- Menadel le acarició el rostro y volteó a ver a la madre,
se hincó frente a ella, quien miraba con dolor a quién ya no yacía en sus brazos
-Mírame, maldita- Menadel libró una mano, le tomó el mentón e hizo que la mirara.
-¿Sabes por qué hago esto? ¿Recuerdas? Pasó hace tanto... Pero yo todavía lo recuerdo...- Menadel hablaba con tanta dulzura, como si le hablara a un niño, 
-Tan bien lo recuerdo que ahora te cobro lo que me arrebaste..- Hizo una pausa y se paró, cambiando su semblante a uno totalmente inexpresivo.
-Me voy a llevar a tu hija, ya que no eres capaz de cuidarla ahora...
Ahora será mía. Y la criaré para que te odie. Te quitaré lo único que es realmente tuyo en esta vida.-

Menadel se dio vuelta y comenzó a caminar, su hermana quiso decir algo pero no lo hizo, quiso moverse pero no lo hizo, lloró pero sin emitir sonido alguno.
Cada paso que la mujer daba con la niña en brazos, dejaba atrás las cadenas que le habían atrapado mucho tiempo, los grilletes de odio se soltaron y la liberaban.. Comenzó a llorar, las gotas cayeron sobre el rostro de la pequeña y la despertaron, la niña la miró y limpió sus lagrimas, Menadel sonrió y le dio un beso en la frente.
La niña se dispuso a dormir y Menadel continuó caminando, ambas desaparecieron en la penumbra de un bosque frondoso.

jueves, 15 de octubre de 2015

15/oct/2012

Qué triste es que ya no te crea, cariño mío...
No sé a qué vienen tus muestras de cariño si tu corazón piensa en otra...
Más triste es que fueran sentimientos plásticos.. Pero para tu buena suerte, yo no me fijo en defectos de fábrica.

En algo mientes. Me mientes, a mí, con falso cariño o le mientes al mundo con mi dignidad pisoteada en un marco.

Mi cariño es algo tan evidente como el sol... 
Pero nunca más tendrás la dicha de oír mis labios pronunciarlo.

jueves, 12 de marzo de 2015

Liberación.

"¿Acaso esta intentando insinuarse?", tomé un sorbo de mi cuba y la dulzura me hizo olvidar un poco la incomodidad de preguntarme si él realmente estaba haciéndolo.
Respiré hondo el aire, más frío que fresco, que pasaba por el balcón, dentro, veía a todos trabajando entre risas y algo de embriaguez. Y él. Él también trabajaba, acomodaba las cosas pero me veía, con una sonrisa tan amplia, tan coqueta, tan hermosa como sólo el mismo podría mostrar sus dientes en una mueca y hacerlo parecer algo atractivo. Era hipnotizante pero tan chocante para mí, me causaba rechazo, la seguridad altanera que mostraba era en demasía desagradable, esa sonrisa que daba por seguro me tendría era simplemente grotesca.

Decidí que el tiempo de mi descanso (y quejas internas) había acabado. Regresé con pesadez a mi puesto, que por suerte estaba alejado de dónde estaba él.
"Concéntrate..", suspiré hondo mientras mantenía mis ojos cerrados, "Concéntrate en lo que estás haciendo.. No hay nada más..". Esto siempre me servía, si despejaba mi mente, podía mantenerme tranquila y cómoda incluso en las situaciones más difíciles par mí. Tomé mi iPod, me puse los audífonos y comencé a hundirme en mi mundo.
Continué arreglando mi parte cuando me quedé sin material, bajé de la escalera entre disimulados movimientos de baile al compás de la canción; me gustó la manera en que mi falda volaba suave alrededor de mis muslos, los acariciaban sutilmente.
Caminaba bailando, ya segura de mí misma y sin disimular, nadie me observaba y no podían juzgarme, todos estaban ocupados con lo suyo y con el alcohol que circulaba en los vasos, por lo que continue con mi fiesta personal importándome nadie.

Entré al cuarto de materiales, estaba muy obscuro en comparación a las luces brillantes que había en donde todos estábamos. Dejé la puerta abierta mientas buscaba el material, cuando por fin lo había encontrado, estaba dirigiéndome para regresar a mi lugar pero me di cuenta que mis ojos se habían adaptado un poco a la poca luz y nació de mí un deseo de estar sola en ese cuarto obscuro que, por la amplia ventana a su fondo, dejaba entrar esa luz de luna azulada que tanto me encantaba.
Cerré la puerta, dejé el material cerca de ella y me adentré en el cuarto de materiales. Caminé hacia la ventana y me pareció caminar demasiado, era más amplio de lo que parecía. Me molestó que la luz fuera más intensa cerca de la ventana por lo que regresé a donde la luz no tocaba y de la nada, me decidí a acostarme en el piso. Estaba frío, pero no era un frío que calara y doliera, era un frío agradable, relajante, acomodé mi falda a mi alrededor y me relajé. Estaba boca arriba observando el techo mientras escuchaba mi música. Tan cómoda estaba que me giré y me acuné un poco sobre mi lado derecho, dejando la puerta y el ruido de afuera, cerré mi ojos y suspiré...
"Ugh.. Tengo que seguir...", me levanté, tomé el material y me disponía a salir cuando la puerta que casi impacta con mi rostro, me hizo tirar parte de mis materiales al piso. Levanté mi mirada para ver quién me había empujado la puerta de manera tan grosera pero mis ojos, acostumbrados a la penumbra del cuarto del material, se encontraron con la luz de fuera y sólo logré ver una sombra humanoide; un cuerpo alto me empujó dentro del cuarto de nuevo, haciendo que el poco material que quedaba en mis brazos cayera al piso con un sonido fuerte, sordo y breve que siguió retumbando entre los anaqueles de metal hasta llegar a la ventana, el sonido fue opacado por el sonar de una puerta azotada contra el marco de la misma. Entre los cambios de luz, el material tirado y los sonidos, me confundí y no supe como proceder hasta que un brazo cálido me atrapo como si fuese a caer al piso.
"Qué linda sorpresa me encuentro después de perderle de vista", su voz juvenil me rodeó el rostro y logré por fin verle la cara. Me separé con prontitud de su abrazo y me quedé sin palabras, él caminó a mi lado y fue a los anaqueles, mientras, yo recogía mi material del piso preocupada, no sé por qué pero preocupada. Sus suspiros pesados llegaron a mis oídos y sabía que estaba realizando un esfuerzo físico, y sin quererlo, mis movimientos se volvieron más pausados y sigilosos, quería oír su respiración, provocaba algo en mi interior que me hizo desear levantarme y tocarle, pero mejor me limité a escucharle. 
Pasamos así unos pocos minutos más hasta que bajó la última caja y descendió de la pequeña escalera, yo me incorporé con el armatoste de materiales y lo vi, se estaba enjugando el rocío de sudor que cubría su frente, la simple escena me puso nerviosa, abracé el material entre mis brazos, quizá un poco de manera exagerada, lo que hizo que los papeles entre él crujieran, me puso nerviosa la nueva situación añadida a la anterior y di un paso atrás, me atrapé involuntariamente contra la pared y mi nerviosismo, su sombra se quedó estática hacia mi dirección, el corazón se me detuvo. Su estado de nulo movimiento se destruyó y cambió por un paso firme y rápido hacia mí.

Todo pasó en un instante efímero, llegó a dónde yo estaba, tomó mi brazo más cercano a él y me jaló, todo mi material cayó de nuevo al piso y me llevó más cerca de la ventana sin llegar a dónde la luz de luna tocaba el piso, "qué sorpresa encontrarte de nuevo, sobre todo, tan cerca de mí..", la sonrisa altanera deslumbró mis ojos pero esta vez no me desagrado por que dentro de esta se sentía un deseo latente, hambriento... Y sus ojos brillaban con un fuego abrazador.. No, un fuego destructor. Un fuego destructor que me buscaba a mí...
Él notó el nerviosismo de tener tan cerca su deseo pero también pudo notar el ansia de quemarme, acercó su rostro al mío y sentí el calor de su rostro provocado por el esfuerzo que realizó bajando las cajas aunado con el rápido correr de su sangre por un corazón acelerado... Un corazón tan acelerado  como el mío.
Y me besó. No fue un beso como el que hace tiempo me había dado, fue un beso salvaje, deseoso, desesperado. Cerré mis ojos y sentí su furia, entonces cerré mis ojos fuertemente... No sabía si estaba en un sueño o realmente estaba besándome, mucho tiempo había estado con él sin él estar conmigo, a veces estaba, pero sólo era un juego, su ego me quería, él no.
"Al demonio, nadie nos está viendo y mi orgullo sólo quedaría moribundo en su sonrisa burlona...", libré mi brazo de su mano y mis manos tomaron su rostro de nuevo, como hace tiempo... 
No debí hacerlo, fue como la chispa a la madera, el fuego en su interior explotó sobre mis labios y mi cintura. El beso que estaba aconteciendo era la liberación de deseos reprimidos, no sólo los míos, sino también los suyos; la desesperación besaba nuestros labios, nuestra respiración tenía una cadencia repetitiva, nuestras pieles transpiraban y las mejillas ardían.
No sé cuánto tiempo pasamos sintiéndonos cerca, parecía que podíamos pasar horas así, no hubo momento en que quisiera detenerme. "Detenerme... ¿Y él?", abrí mis ojos y vi los suyos abiertos, pero eso no fue lo que me dolió, fue el hecho de que su mirada se veía aburrida y sobre todo... Miraba a otro lado, a algo más que no era yo..
Era todo menos yo, mientras me besaba... Mientras alimentaba mi fuego, él sólo se estaba quemando..
Algo pasó fuera del cuarto de material y nuestro beso se rompió, lo vi confundida mientras dirigía su mirada hacia la puerta. Se escuchaba un alboroto fuera y liberé mi cintura de sus manos aprisionantes y me dirigí a la puerta, cuando me tomó por el vientre y me apegó a su cuerpo, tapando mi boca con su otra mano.

Pasó el ruido fuera y se acercó a mi oreja "Quédate aquí, no te muevas..", me dijo de una forma suplicante pero al mismo tiempo a manera de orden, la combinación me molestó y pensé en protestar pero al acabar la frase, besó mi cuello y las piernas me fallaron y tambaleé un poco, sintió mi respuesta y rió por lo bajo, ya veía esa maldita sonrisa en los labios que me acababan de besar.
Me soltó cuando por fin estaba bien parada de nuevo y se dirigió a la puerta, sin verme, salió.

"¡Maldita sea...!", vociferé en un susurro y me senté en el piso, me llevé las manos al rostro avergonzado de mi propia estupidez.
"¡¿Cómo puedes ser tan estúpida y blandengue?! ¡Debiste decirle que no!", me lamentaba en el piso tan patéticamente cuando él me preguntó "¿Qué haces en el piso?", me decubrí el rostro y estaba por pararme cuando me empujo suavemente al piso, tomándome de ambas muñecas, y él se posicionaba sobre mí...
Abrió la boca para decirme algo, pero al mirar mi rostro de nuevo confundido y ansioso, cerró la boca y la acercó de nuevo a la mía. Otra vez me besaba. Otra vez me liberé de sus manos y coloqué las mías en su cuello. Otra vez le besaba con desesperación y otra vez colocaba sus manos en mi cintura, continuamos el beso que nos habían interrumpido.

Imaginaba su rostro besándome, esta vez no me importaba si tenía abiertos los ojos, si estaba aburrido y no le interesaba el deseo con el que yo le besaba, iba a besar sus labios hasta que el deseo que tenía por él se saciara y no quisiera volver a saber de él, o hasta que el deseo de nuevo estuviera hambriento, por lo menos.

Mientras, gozaba con gula de sus labios y su cuerpo cerca del mío. Gozaba de la luz azulada a nuestro lado y la obscuridad que nos cubría. Gozaba su deseo, su pasión.... Por mí.
Mientras él... Mientras él no sé qué hacía.

La música del iPod tirado sonaba como en un lejano mundo, distante.

domingo, 15 de febrero de 2015

Sueño #3

-Ugh... ¿Y cómo se supone que pasaremos?- Me preguntaba yo mientras estábamos en casa de "él".
Se supone teníamos que llegar a la academia. Caminando. En medio de todo el fuego. Ya que se habían presentado fugas de gas en los conductos subterráneos, calles y casas habían explotado y ahora se encontraban quemándose. 
-Debemos tener cuidado, no sólo es que se cuiden del fuego, sino también de las personas. Desde que explotaron las cosas, muchos asaltantes han venido para saquear lugares y robar a la gente.- Tony dijo con rostro preocupado mientras nos observaba a Matías y a mí.
-¿Realmente tienen que ir?- interrumpió Ana con un rostro no sólo preocupado, sino también compungido. 
-Ann, sabes que tenemos que ir, si no vamos no podremos acabar el proyecto. Y el comandante no será capaz de soportarnos otra aunque seamos la clave del éxito del proyecto. Sabes que estaremos bien, podremos defendernos allá afuera; de por si las cosas estaban difíciles antes de este incidente..- traté de apaciguar los temores de nuestros amigos.

Por suerte, la casa de Matías estaba bien; justo desde su calle hacia el sur, las tuberías de gas estaban intactas y ninguna casa se había incendiado.
Sabía yo que por la calle derecha era donde se presentaban más explosiones espontáneas, esto porque era la avenida principal y porque al gobierno no se le había ocurrido parar el flujo de gas.
Mientras tanto, por la izquierda sólo había incendios menores.
-Estuve revisando por la noche y me di c...-
-¿Revisando? ¿Revisando cómo?- Matías me interrumpió en medio de la frase.
-Yo... Me asomé por las ventanas...- Estaba mintiendo, la noche anterior, cuando por la noche los incendios y explosiones habían mermado, salí a revisar revestida en obscuridad. Esperé me creyera pero él no era tonto y sabía que mentía, pero no me dijo nada. Me sentí avergonzada, me sentí regañada e ignorada al mismo tiempo, realmente esperé importarle aunque sea un poco a Matías pero no fue así.
-Y bueno.. La izquierda es la mejor opción ya que las casas son las únicas que se queman, no hay explosiones de la nada y creo no hay tantos delincuentes.- Mientras yo finalizaba mi frase una camioneta roja pasó frente al portón de la casa de Matías y logré ver a un viejo amigo.
-¡FRA...!- Empecé a gritar cuando se me heló la sangre, si Frank estaba aquí, de seguro Damián estaba con él. Cuando la camioneta avanzó más, ahí estaba, podía reconocer su cabello rubio cobrizo donde fuera.
Al instante ya estaba escondida atrás de Matías y hacía señas a Ana sobre que Damián estaba fuera y yo tenía que salir de ahí a la de ya.
Ana volteó y comenzó a decirle a los demás porqué rayos yo estaba escondida detrás de Matías, que tenía una cara de incertidumbre total.
La camioneta dio vuelta y regresó por donde vino, Ana se asomó para ver si ya se habían ido y volteó de vuelta a nosotros con una cara algo pálida.
-Acaba de estacionarse a la vuelta de la esquina...-
-Tenemos que irnos YA.- El semblante de Matías se tornó sombrío, estaba molesto, lo sé por la forma en que giró los ojos, tomó su mochila y me observó. Corrí yo también por la mía y lo seguí, dándole espacio; era incómodo sentir esa pesadez en el ambiente de cuando alguien está molesto.
Ana estaba en shock, no habíamos planeado nada y ya estábamos saliendo del único lugar en el que podríamos estar seguros.
No quise voltear, Ana probablemente estaría llorando abrazada a Tony y era doblemente probable que yo no volvería a verla.

La tarde estaba llegando y el sol comenzaba a desaparecer, Matías caminaba rápido pero cauteloso. Yo seguía incómoda porque él estaba molesto conmigo. Él siempre solía mostrarse amable y sonriente, con todos, a mí nunca me había tratado mal y el verle así, molesto y, sobre todo, conmigo, me hacía sentir realmente mal, empeorando las cosas el hecho de que yo sentía algo por él..
Hundida en mis pensamientos, fui tomada por unas manos fuertes que me atraparon contra un cuerpo y me taparon la boca...
-Mierda...- sólo logré pensar mientras caía en cuenta que era Matías que me había escondido junto con él de unos hombres armados que iban pasando.
Segundos después me di cuenta que mi espalda estaba pegada al pecho de Matías, demasiado cerca. Su mano derecha presionaba mi boca, para que no pudiera sacar ni un suspiro. Y me mantenía firmemente apegada a él, presionando su mano en mi vientre.
El corazón comenzó a latirme desbocado, me concentré en modular mi respiración para no hacer tanto ruido, sin embargo la cadencia de mi corazón me fue imposible regularla. El pecho me saltaba, la sangre se irrigó rápidamente por todo mi cuerpo... Mis mejillas estaban ardiendo.
Cuando estos hombres se habían ido, Matías, aún sin soltarme, se asomó y verificó que el camino estuviese seguro.
Cuando por fin me soltó, comenzamos a caminar en silencio. Me sentí realmente avergonzada, me sentí estúpida, me sentí inútil, como una princesa que necesita auxilio. Siempre había odiado ser así, aunque fuera un poco. Tenía que concentrarme, yo era excelente en lo que hacía, no hacía un buen equipo con Matías.. Me distraía mucho su presencia. Tal vez debía decirle al comandante que me cambiara de compañero.. Yo simplemente no podía trabajar impecablemente si tenía a Matías a un lad...
-Estás muy delgada.- Matías dijo de la nada y esfumó la niebla de mis pensamientos.
-¿Qué?- me tomó totalmente por sorpresa.
-Estás muy delgada. Apenas si logré alcanzar tomarte hace rato, ese cuerpo te hace escurridiza.- Me sonrojé un poco. 
Caminó unos pasos por delante de mí, inspeccionó el área y, sin mirarme, me ofreció su mano. La tomé y él caminó frente a mí, protegiéndome y divisando peligros antes de que yo pudiera siquiera saber que estaban ahí.

Tenía su mano.. En la mía.. Y no se separaban ni un instante. 
Probablemente él ya lo sabía, sabía que yo sentía por él. No sabía cuándo lo había descubierto, pero sabía que sabía.
Me dolía que lo supiera, porque ya llevábamos 3 años conociéndonos y nunca había mencionado nada. Me dolía porque sabía que no estaba interesado en mí. Me dolía porque él había perdido a la mujer que realmente amaba y yo era nada al lado del recuerdo de ella.

-Espera.- le dije, me detuve en seco y nuestras manos unidas hicieron que él también parara. 
Estaban acercándose rápidamente varias presencias, eran muchas y estaban en todas direcciones..
-Mierda.. Estamos acorralados, es una emboscada.-
Matías soltó mi mano y corrió a protegerse. Yo traté de saltar a un balcón que había cerca, casi lo había logrado cuando alguien tomó mi tobillo y me jaló violentamente hacia el suelo. Recibí el impacto con el rostro y pecho.
Un crujido vino desde mi interior. Mis costillas...
Mierda, me habían fracturado las costillas derechas. Me enojé. Y mucho.
Comencé a destruir a todo quien se me acercaba. Eran mujeres, rápidas y escurridizas, como yo. Pero no podían conmigo ni con la ira que tenía de haber sido herida.
Mientras luchaba, recordé a Matías y lo busqué con la mirada. Error, un hombre, grande y corpulento me tomó por el cuello y me estampó contra la pared.
Mi interior crujió de nuevo y no pude evitar lanzar un grito estridente y lleno de dolor, el único grito que podría sacar, el impacto contra la pared había vaciado mis pulmones del oxígeno que tenían. No podía respirar, la falta de oxígeno y el dolor de las costillas rotas nublaban poco a poco mi vista y me dejaban cada vez más inconsciente...
-Matías...- pensé 
-Nunca me atreví a decirte que te amaba...-

El cielo gris ya demostraba una tarde avanzada. La luz que se filtraba entre las nubes de los incendios, era tenue y fría. Me gustaba.
Flotaba y me movía, lo veía en el cielo y en las ramas que pasaban ante mi vista sin yo mover ni un sólo músculo.
-Veo que despertaste..- Matías dijo a mi oído suavemente, apenas rozando sus labios con mi oreja y dejando que su cálido aliento me acariciara la piel.
Volteé a verle y vi una larga y gruesa línea roja que salía de su frente y recorría todo su rostro hasta donde terminaba su quijada, la sangre goteaba.
Él me cargaba mientras caminaba, traté de bajarme, tenía que curarle esa herida. Por eso éramos equipo, a pesar de que teníamos las mismas habilidades en combate, yo curaba heridas, él no. Probablemente había perdido una cantidad considerable de sangre, más el esfuerzo de cargar mi peso muerto, debía estar exhausto.
Me bajó con cuidado y me puse en pie, giré para tomar mi mochila y sentí una punzada en el costado derecho. Iba a gritar pero sólo logré tomarme el costado y caer de rodillas al piso. Ese segundo impacto aumentó al doble la quemazón del dolor de las costillas rotas.
Matías me tomó por los hombros antes de que cayera mi tronco al piso y me moviera los huesos rotos y los incrustara en los órganos. 
-Dios... ¿qué hago?..- susurró Matías a sí mismo. Se arrodilló a mi lado y me abrazó a su pecho.
Comencé a llorar, a sollozar, me dolía mucho, quería que parara, tenía que curar a Matías pero no podía. Tenía que curarlo...
-Vanessa, quédate conmigo. Necesito que me digas cómo puedo ayudarte... Concéntrate, preciosa. Tú puedes, dime qué debo de hacer.- Comenzó a acariciar mi mejilla y recargó su rostro contra mi fría y sudorosa frente.
-Dime qué hacer, por favor... Por favor, por favor, por favor, por favor...- podía oír la desesperación en su voz. Tomé aire, a pesar del dolor, y le dije en un sólo aliento lo que debía hacer. Me recostó en el piso suavemente, yo volvía a estar como drogada, me volvía a desmayar. 
Entre la negrura de la inconsciencia, podía sentir unos leves pinchazos de dolor, pero eran lejanos.

Un cielo más obscuro y borroso me recibió, en un principio. Luego, una voz cuidadosa y temerosa llegó a mis oídos
-¿Vanessa...?- Matías estaba observándome con preocupación en su rostro.
-Hola tú...- sonreí débilmente.
Matías me levantó con cuidado del piso, me apoyé en mis manos para poder levantarme. Me sorprendí, tenía tratados los huesos rotos.
-Graci...- comencé a decirle como pude cuando me apegó a su pecho, mi rostro quedó donde su corazón latía cálido y lento en mi mejilla. Por un momento, sentí cómo sus labios se posaban en mi cabello, como si fuera un beso que trata de pasar desapercibido.
Sentí una línea caliente y húmeda que se desplazaba por mi frente, pasando por ojo izquierdo y saltando a mi mejilla. Matías se separó y me miró.
-Lo siento, te acabo de manchar...-
-¡Estás sangrando!- Me incorporé y senté lo más rápido que pude,
-Pásame mi mochila- le pedí mientras me sentaba sobre mis piernas.
Me pasó la mochila y comencé a sacar las cosas.
-Ven, recuéstate, te voy a curar.- Matías se confundió un poco pero hizo caso, se sentó a mi lado y posteriormente recargó su cabeza en mi regazo.
Acomodé todo lo que necesitaba al lado izquierdo. Comencé a limpiar la sangre de su rostro, cambié mis movimientos certeros por suaves caricias con la toalla húmeda, observé sus facciones y las grabé en mi memoria... Sus ojos, su nariz, sus mejillas, sus labios...
Paré de hacerlo cuando me di cuenta que desde abajo, él observaba mi rostro. Volví a la frialdad y precisión, con las mejillas levemente coloradas.
Cuando comencé a coser la herida, él daba pequeños brincos y fruncía el ceño.
-Ya casi acabamos, aguanta un poquito, ¿sí?- le sonreí como si fuese un niño pequeño, él se sonrojó un poco y desvió la mirada.
Acabé de poner el parche y no pude evitar acariciar su cabello. Necesitaba de alguna manera sacar aunque fuera un poco del amor que sentía por él, ya mucho tiempo había controlado mis impulsos por abrazarle, besarle, decirle que le amaba...
-Listo, ya no estás roto. Ya te compuse.- volví a sonreír de la manera más dulce que mi corazón me dictó.
Me miró fijamente unos segundos confundido pero luego me sonrió.
-Gracias.- dijo con alivio y se incorporó.
Guardé todas las cosas de vuelta en mi mochila, me paré e iba a echarme la mochila en el hombro cuando Matías me la quitó de la mano y la cargó él.
-Estamos demasiado cerca, ya casi lo logramos, vamos.- Comenzó a caminar y así también yo lo hice. Sin mirar atrás, me ofreció de nuevo su mano y volví a tomarla. Pero esta vez fue diferente.. No sólo fluía sentimiento por parte mía, ahora también su mano me dejaba sentir algo, algo que nunca había sentido por parte de él.

Llegamos a nuestro destino, no podía creerlo, lo habíamos logrado. En cuanto llegamos, fuimos a reportarnos con el comandante, quien impresionado por vernos ahí, nos permitió descansar unos días antes de volver al trabajo.


El sol se estaba ocultando, ya no había una densa cortina de humo en el cielo que obstruyera sus rayos. La tarde era cálida, con corrientes de aire fresco.
En el patio de la academia, el ambiente era demasiado agradable para un mundo que se encontraba en medio de la destrucción total.
Miraba distraídamente el atardecer cuando una figura se interpuso entre el sol y yo.  Traté de tapar mi vista del sol para ver quién era, sin embargo no dejaba de ser una sombra.
Cuando la figura llegó a mí, vi que era Matías. Como siempre, me puse nerviosa pero traté de actuar lo más natural posible.
-¡Hola! ¿Qué haces aquí? ¿No tenías entrenamiento hoy?- pregunté para evitar el silencio
-Hola Ness. Pues sí, tenía entrenamiento pero pedí un descanso, necesito hacer algo urgente.-
-Oh, ya veo. Entonces no te detengo más, mucha suerte.- Me paré de donde estaba sentada para despedirme. No quería que se fuera pero no sabía cómo sobrellevar una conversación con él.. Nunca había podido y siempre huía.
-Espera un poco, no seas tan brusca. ¿Sabes? Estoy muy contento de que hayamos sobrevivido y hayamos llegado bien.- dijo con un tono de satisfacción y alegría.
-Yo también estoy muy feliz de haber sobrevivido...- se me hizo un nudo en la garganta recordando el dolor, recordando que pensé que tal vez moriría...
-Gracias Matías, me salvaste la vida...- no logré acabar de decir cuando las lágrimas comenzaron a brotar a borbotones.
Él me abrazó y acarició mi cabello mientras yo lloraba como niña pequeña en su pecho.
-De verdad me alegra que estés bien y a salvo, preciosa..- pegó sus labios a mi pelo como aquella vez cuando yo estaba casi muriendo.
Volteé a verle un poco confundida y él sólo me sonrió, acercando lentamente su rostro al mío. Tomó mi rostro entre sus manos y sus labios se encontraron con los míos, se separó para ver mi reacción. 
Dios mío, ¿que acababa de pasar? pensé totalmente aturdida. Pero de un momento a otro, toda duda desapareció y las ataduras a mis impulsos que tanto tiempo había tomado crear, cayeron, se destruyeron, desaparecieron. Tomé su rostro con mis manos y lo besé desesperadamente. Me abrazó mientras todas mis emociones salían por mis ojos, mis labios, mis manos...
Fui yo la que se separó después para ver su reacción. Sonreía dulcemente, con las mejillas algo coloreadas e incluso hasta logré alcanzar a ver un pequeño brillo en sus ojos.

Por un momento me ilusioné, cuando me di cuenta que era mentira.
Él no podría haberse fijado en mí, no me quería y yo y todos lo sabían.
No había olvidado a Marlene, ni lo haría. Seguía herido y durante un tiempo le hizo frente solo, quizá ahora sólo buscaba una manera de huir... Acompañado.
No tuve que pensarlo mucho, no me molestó que me usara, realmente no me importaba.

Porque, sin duda, arrancaría de mí para completarlo a él.

martes, 13 de enero de 2015

It's amazing.

It's amazing how sore fingertips or a book can make me happy.
It's amazing 'cause they remind me of you... But they also make me think of my freedom..
Of the inner peace your departure left in me.

I don't know how future is going to be..
I don't know if I'll love again. I don't know if you will pay.
I don't want to rush myself, I'm just going to live.. Day after day.
After all... Your leaving didn't kill me as I thought it'd do.

I don't know if you have already realized it.. But you was the one that taught me how to forget you.
Wanted to teach me how to play guitar? You couldn't, I'm learning by myself.
Showed me this lovely fantasy book? I read it alone.
Those things we couldn't achieve... Are things that are saving me.

The sore fingertips will heal.
The book will drive me to other realities.
And so, I will.

sábado, 10 de enero de 2015

Del verbo "esperar".

-Lo siento...

-¿Que lo sientes?
¡¿Tenías que decirle eso?! ¡Era totalmente innecesario!

-...

-¿Qué? ¿Ni siquiera eres capaz de responderme? Creí que me habías besado porque me querías..

-¡Y realmente lo hago! ¡¿Qué querías que hiciera?! ¡Se que la quieres! No soy tan egoísta para quitarte lo que realmente quieres...
Y en dado caso... ¿Qué es lo que quieres mí? ¡NI SIQUIERA SIENTES ALGO POR MÍ!


-...

-...

-Pudiste haber haber luchado por mí...

-¿Luchar? Yo no puedo luchar, puedo esforzarme... Pero luchar no. Ya no tengo fuerza... Ya no tengo ganas.

-Pero...

-¡Pero nada! ¡No voy a luchar en una pelea que se supone es de dos!

-...

-Bueno... Jeje.. No es de dos... Sólo soy yo...
No es tu culpa.. Nada...
Sólo..


-Pequeña...

-... Vete.

-¿Qué?

-Vete. No te quiero cerca de mí. No te quiero en mi vida.

-Ja. Ja. Deja de bromear..

-¡Que te vayas! ¡No quiero verte aquí!

-Pero...

-Quiero. Que. Te vayas.

-Espero no te arrepientas..

-Espero lo mismo.
Espero no vuelvas la mirada.
Espero... Espero...

Yo sólo ya no te espero.